Es gracioso como la vida da vueltas inesperadas.
Un día, mi vida está completamente planeada - sé que haré, cómo y con quien. He decidido cómo desarrollar mi carrera e inclusive con quién me casaré y cosas tan triviales como qué perro tendré.
Y en un abrir y cerrar de ojos, por decisiones propias claro está, pero sin realmente haber pensado a profundidad el cambio que traería, mis planes de vida se vieron alterados.
Dejé a un hombre que me había amado por cinco años por uno que sólo lo hizo seis meses, me alejé de los únicos amigos que había guardado cerca durante tres años y aunque me sumergí más en mis estudios, me encontraba completamente perdida.
Llegué a sentirme ahogada, por que nadaba en un mar de emociones y pensamientos que no comprendía - absoluta y totalmente confundida. Quería que mi vida cambiara, pero no estaba lista para el cambio. No estaba lista para enfrentar las miradas y las palabras o, en su defecto, la falta de.
No estaba lista y el no estarlo, simplemente me hundió más. Lidié mis problemas con excesos y malas decisiones, las cosas parecían ir de mal en peor. Por más que me entregaba para que algo funcionara, menos recibía y menos se me valoraba.
Un día, sin estar lista, te sientes en el fondo. Y otro, sin razón aparente, sales de nuevo a intentarlo otra vez. Y parece funcionar, entonces sigues y esperas, que todo se acomode. Por que al final lo hace, sin avisar, sin pedir permiso y sin encajar.
Es gracioso como la vida da vueltas inesperadas.
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