A veces me acuerdo de ti porque veo una
foto tuya, escucho tu nombre o paso por alguno de nuestros lugares. Me acuerdo
de ti porque algo enciende ese tren de memorias.
Y otras veces, tú enciendes una llama
espontánea. Puedo estar leyendo, limpiando o simplemente descansando y te
pienso.
Tu risa, tus bromas, nuestros mejores y
peores momentos.
Entiendo, que no entiendas por qué hice lo
que hice, que eso te haya lastimado y que me guardes rencor por mis acciones.
En momentos, inclusive yo misma no entiendo al cien por ciento.
Definitivamente te extraño, eso ni tú
puedes cuestionarlo. Aunque no lo creas, te sigo queriendo. Te lo he dicho
antes y te lo repito ahora, el lugar que ocupas tú en mi corazón nadie más lo
tendrá jamás, es tuyo y tuyo nada más – aún y cuando ya no seamos parte de la
vida del otro.
No quiero olvidarte, ni dejarte atrás como
algo malo en mi vida cuando fuiste lo mejor durante tanto tiempo. Y realmente
me disculpo, si te hice sentir que no fuiste suficiente, que no fuiste querido
– porque te aseguro que es todo lo contrario. Llenaste mi vida del amor más
puro y la felicidad más brillante que he sentido.
Créeme que nada me gustaría más que volver
a verte, hablarte, abrazarte. Estar bien contigo y poder, como siempre, ser
parte de tus logros y celebrar tus victorias. Yo sé que llegarás lejos, no
existe nadie como tú. Terco y todo.
Cuando te fuiste por primera vez, yo no
entendía. No entendía esa necesidad de alejarte y de vivir una vida distinta,
no entendía por qué no podía hacerse lo mismo estando juntos. Me preguntaste si
a mi no me hacía falta, experimentar otras cosas por mi cuenta y en ese momento
mi respuesta fue un rotundo no. No necesitaba absolutamente nada más porque ya
te tenía a ti.
Pero al perderte, aun y cuando no te fuiste
del todo, mi mundo se expandió un poco. Me di cuenta que realmente sí había
muchas cosas que quería hacer, lugares y gente que quería conocer, experiencias
que quería vivir. Pero, me daba miedo. Me daba miedo lanzarme y equivocarme,
perderte realmente. Al final, lo hice. Me lancé. Me equivoqué. Y te perdí.
Pero también hallé tanto. Conocí personas
maravillosas que ahora son parte de mi vida y sin las cuáles no imagino mis
días. Experimenté un amor distinto, que en su propia manera también fue muy
bello y me hizo sentir muy especial, muy querida, muy deseada, muy bienvenida.
Encontré una pasión más por mi carrera, por mi futuro trabajo.
No puedo negar que en ocasiones siento mucho temor. Tengo la esperanza de que algún día puedas perdonarme y podamos ser amigos de nuevo. Pero sé qué mis probabilidades de éxito son casi nulas y que quizá me aferre a una idea inalcanzable.
Sólo le pido a Dios que te acompañe, te guíe y que llene tu vida de felicidad. Que haga llegar a ti un amor mejor, que te haga sentir que vales el mundo entero y que te lo demuestre cada día. Que si está en sus planes, me permita regresar a tu lado, como amiga, pareja o simplemente espectadora, para apoyarte y regocijarme en tu éxito.
Y cada tanto, me acuerdo mucho de ti.