¿Cuántas noches más debo fijar mi mirada al techo, implorando que alguna lágrima se lleve todo? Implorando y esperando porque a este sentir me cuesta llorarle.
"No era para tanto" pero continúa como ruido de fondo en mis días. En mis mañanas, en mis rutinas, en mis risas y suspiros.
Continúa llenando espacios y a la vez, dejando vacíos.
"No era para ti" no puede ser una afirmación más veraz. Sin embargo, mi existencia se aferra a tu recuerdo. Y te busca. Como niño que busca su manta favorita para sentirse seguro, aunque esta ya sea un trozo roto y haya perdido toda suavidad.
Mira al espejo y repite conmigo. "No era para tanto, no era para ti". Una noche de estas, quizá lo crea.
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