Dime.
¿Qué hago con estas inmensas ganas que tengo de abrazarte? De desearte un buen día. De querer recibirte por las noches.
Si no las puedo decir, al menos necesito escribirlas. Sacarlas. Aunque no las escuches o las leas.
Porque las siento tan intensamente, a diario, a todas horas. Te quiero, aunque no sea correspondido. Y creo que lo haré por un buen tiempo.
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