Debes saber que te pienso siempre con el mayor de los cariños. Y le agradezco a Dios que pensarte se traduzca en muy buenos recuerdos - en tu risa, en tu voz, en tus ojos.
Pensarte es revivir aquellos viajes, el cantar contigo en tu viejo carro rojo y reír a carcajadas de tus anécdotas.
Pensarte es dar gracias, porque contigo aprendí un millón y una cosas sobre el mundo, sobre ti y sobre mi misma.
Pensarte ya no es llorar, aunque en ocasiones pese. Pensarte es sonreír, con y sin lagrimas, con la seguridad y felicidad de que conocerte ha sido una de mis más grandes alegrías.
Pensarte para mi es un tesoro y, en ocasiones, un refugio. Vivirás siempre en mis recuerdos, aun cuando hayas desaparecido por completo de mi vida. Ocupas un lugar en mi corazón que me reconforta cuando lo necesito y que, cada que lo visito, ilumina mis días.
No comments:
Post a Comment